Pensar fuera de la caja. Generar ideas disruptivas. Romper el statu quo. Brindar grandes experiencias, con efectividad e impacto... Todas y cada una de estas consignas pasaron a ser ejes medulares del management contemporáneo.

Por: Gabriela Origlia

Detrás de estas propuestas hay una única y gran meta: innovar, y alcanzarla implica entrar, sin resistencias, a una nueva cultura. Steve Jobs marcó el camino, Apple fue (y en alguna medida sigue siendo) el faro, pero la legión de las “innovative stars” es cada vez mayor. Marriott, Starbucks, Amazon, Facebook, Unilever, Netflix, por sólo citar algunos casos, son fieles testigos de que la creación de valor y el iderazgo de las industrias pasa hoy, indefectiblemente, por la innovación. Y esto es válido para una mega corporación, una pyme o un emprendimiento. No hay vuelta atrás... pero, entonces, ¿en qué consiste realmente innovar? ¿Por dónde empezar? 

Puede que algunos empresarios hayan caído en cuenta que el concepto “innovación” está banalizado o desgastado por exceso de uso. Y, probablemente, estén en lo cierto. El término está presente en cada estudio de mercado, plan de negocios o en cuanta presentación de marketing se haga. Sin embargo (y a pesar de ser trend) “innovación” no es una palabra carente de significación. Muy lejos de ello.

El futuro de los negocios, la capacidad de competir de las compañías y, por ende, sus posibilidades de permanecer y crecer dependen de que su gente sea capaz de innovar. Sin temor a exagerar: vivimos una era en la que el juego es “innovar o morir”. Es posible que en Centroamérica –todavía con muchos sectores donde la com-petencia no llega a ser voraz– se disponga de un poco más de margen de tiempo para seguir creando y ganando mercados sin una apuesta decidida por la innovación.

Pero, ello no será válido a mediano y largo plazo. Operar desde una nueva cultura, una “cultura de la innovación” se está imponiendo como requisito estratégico para, cuanto menos, alcanzar tres objetivos centrales:

1) crear barreras naturales a la compe-tencia,

2) generar engagement con un mercado extremadamente cambiante y exigente,

3) asegurar la sostenibilidad de la com-pañía a largo plazo.

Y estos tres objetivos son tan válidos para las grandes compañías que tienen mercados consolidados, como para las pequeñas empresas que buscan su lugar en el mundo y, también, para los emprendimientos que pretenden convertir una idea en un negocio.ensar fuera de la caja.

Del análisis de los rankings de las empresas más exitosas del mundo surge que ellos están integrados por aquellas firmas enfocadas en la disrupción, que se atreven a modificar el status quo, dispuestas a crear soluciones, generar nuevas expe-riencias, resolver problemas y, por resul-tado, ganar la preferencia y el vínculo del consumidor.

Uno de estos rankings más prestigiosos es el que elabora el equipo de investigación liderado por el profesor de la Harvard Business School Clayton Christensen, co autor del bestseller The Innovator’s DNA. Ese listado se elabora en función de la prima de innovación, esto es la diferencia entre el valor de mercado y el valor presente neto de los flujos de efectivo de las empresas. La diferencia entre estos valores es la prima otorgada por los inversores de capi-tal y su pronóstico de que la rentabilidad de la empresa seguirá en aumento.

Pues bien, en función de esa radiografía, ¿cuáles son las compañías que se consideran líderes de innovación a esca-la mundial? El ranking de 2014 destacó a empresas como Marriott International, Amazon, Chipotle Mexican Grill, Bimbo, Hermès, Unilever, Walmex y así también a Netflix, Salesforce.com, VMware, Alexion Pharmaceuticals (experta en biotecnolo-gía) o Rakuten (venta por catálogo y por Internet al por menor)

¿Qué hacen ellas de diferente? ¿Es su dinero, su acceso a la tecnología o su po-sición de mercado? Más bien, muy probablemente, es su capacidad para hacer innovación estatégica y para ejecutar efectivamente proyectos de gran impacto. Lo decimos de otro modo, la síntesis es: innovación + estrategia + efectividad en la ejecución + impacto.

NO TODO ES LABORATORIO

Para entrar en la cultura de la innovación es preciso derribar mitos. La innovación no es sinónimo exclusivo de “laboratorio” o “patentes”. Tampoco debe entenderse que innovar es únicamente provocar una suerte de “revolución” como las que, en su momento, generaron Facebook, Google o Apple. Una versión más cotidiana, pero igualmente importante, es encontrar un aspecto del producto/servicio, proceso o modelo de negocios a mejorar, escalándolo a un nivel de mayor calidad, eficiencia y relación costo-beneficio.

Estrategia & Negocios dialogó con expertos sobre distintos aspectos de la innovación, quienes aportaron conceptos, ejemplos y algunas ideas respecto de cómo se puede avanzar en esta nueva cultura. Todos coincidieron en algo contundente: hoy, innovar es una vía de mano única que se debe tomar porque, como la globalización, no tiene retorno. ¿Está listo para iniciar el camino? Si es así, le sugerimos seguirnos en los siguientes pasos:


¿Qué es innovar?

El español Enric Barba, autor de Innovación. 100 consejos para inspirarla y gestionarla junto a José Ramón Magarzo, dice que la innovación se asemeja más al póker que al ajedrez. Primero, porque la empresa no sólo compite contra una única empresa local, sino contra muchas, en todo el mundo, que pueden adoptar estrategias distintas e imprevisibles; segundo, porque el entorno es de riesgo.

Barba está convencido de que, al igual que en el póker, “se paga por jugar, se paga por obtener mayor información y luego se descubre qué es lo que se tiene y lo que tienen los demás”. Según su interpretación, la innovación no es como el ajedrez, donde una perfecta planificación puede llevar al éxito.

Fuente: www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/841758-330/innovación-qué-implica-pensar-fuera-de-la-caja

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