En las últimas dos décadas, los países de Centroamérica vieron pasar 32 presidentes denunciados por corrupción. De ellos, 13 pagaron condenas. Demasiado tiempo, demasiados corruptos y demasiada inacción ante ello. Estrategia & Negocios ha hecho una de sus banderas editoriales la lucha contra la corrupción. Nuestra posición es clara y transparente: esta situación nos perjudica a todos.

En casi la mitad de los municipios rurales en Guatemala (44 por ciento), la mayoría de su población (más del 75 por ciento) vive en pobreza. (Fotos: Archivo E&N)

En casi la mitad de los municipios rurales en Guatemala (44 por ciento), la mayoría de su población (más del 75 por ciento) vive en pobreza. (Fotos: Archivo E&N)

Por Norma Lezcano y Gabriela Origlia

La cultura de convivencia con la corrupción se arraigó en la sociedad, se volvió un modus operandi que invadió el mundo de los negocios, una forma de resolver el financiamiento de la política y, al final, una realidad irremediable que se coló en los presupuestos como un “gasto de operación inevitable”. Sin embargo, este estado de cosas no resulta inocuo para la sociedad, la economía y las empresas.

Por cada cinco puntos que empeora la percepción de corrupción en Centroamérica, la inversión extranjera directa cae el 6,6%. Si la región lograra superar este flagelo, la meta del crecimiento sostenido se haría realidad. ¿Llegó la hora de enfrentar a la serpiente?

Centroamérica crecerá este año a un 4% promedio; el nivel está por encima del proyectado para Latinoamérica (2,2%, según Cepal). Sin embargo, ese potencial adicional pudiera ser mucho mejor aún. 
¿Qué está amarrando a las fortalezas del Istmo?

Expertos evalúan que esa evolución económica podría sumar dos o tres puntos adicionales si se lograra eliminar la corrupción. Por sí sólo, el número ofrece una dimensión de la magnitud del problema en una región que, a su vez, debe invertir hasta 8% de su PIB para enfrentar el fenómeno de la violencia.

En cálculos rápidos: si Centroamérica pudiera, cuanto menos, reducir a la mitad sus gastos en seguridad y neutralizar el impacto negativo de la corrupción podría tener un crecimiento anual del orden del 6% al 8% promedio.

Los centroamericanos ¿están dispuestos a seguir perdiendo su presente e hipotecando su futuro de esta forma? En este 2015, la corrupción dejó de ser en la región una ‘verdad de Perogrullo’, y se transformó en un tema crítico de agenda.

El sector privado empezó a manifestarse con preocupación (sobre todo, porque la mayoría de países demandan de más impuestos para solventar gastos públicos sin control ni eficiencia); la sociedad civil (representada en sus diversas instancias) empezó a tomar acción (afectada en su seguridad, sus libertades y derechos) y los gobiernos quedaron expuestos en la vulnerabilidad que significa estados atravesados por estructuras corruptas.

Muy lentamente (quizá), pero a la vez muy dramáticamente, la sociedad centroamericana está despertando a una verdad irrefutable: los países más transparentes son también los más desarrollados, y hace tiempo que la región se ha apartado de ese camino.

Hay estudios que señalan que por cada cinco puntos que empeora la percepción de corrupción en Centroamérica, la Inversión Extranjera Directa (IED) cae el 6,6%; además, baja la competitividad y los ingresos de la población. Indirectamente, mayores niveles de corrupción reducen los recursos del Estado, lo que a su vez aumenta el endeudamiento, y reduce el gasto social.

Philip Nichols, profesor de Estudios Jurídicos y de Ética en los Negocios de Wharton (Universidad de Pennsylvania) es tajante: “El costo de la corrupción no se limita al dinero robado sino al crecimiento perdido por desvío de fondos que debieron financiar proyectos de desarrollo, de infraestructura, de educación”, afirma. Nichols también incluye en ese costo, los gastos extras que las empresas afrontan para “proteger” sus inversiones, “lo que pagan porque no pueden confiar” en las instituciones gubernamentales y el “tiempo adicional” que les insume la relación con los gobiernos.

Consultado puntualmente sobre Centroamérica, el experto explica que la co-rrupción en la región también se refleja en la “degradación de la salud de las personas y del medio ambiente, en las tasas más bajas de la inversión extranjera y del turismo, así como en los más altos índices de criminalidad”.

Caso "La Línea", el estallido de Guatemala

El llamado “Caso La Línea” se transformó ya en la operación de corrupción más grande que se haya investigado y sometido a proceso judicial en Guatemala. Aquí algunas claves para entender de qué se trataba:

· Por qué “La Línea”: por la existencia de un grupo de tramitadores que facilitaba el contacto de los importadores con la estructura criminal a través de un número de teléfono conocido como “la Línea”.

* Dónde operaban: en siete aduanas de todo el país.

* Cómo operaban: ofrecían a los importadores pagar menos impuestos que los establecidos legalmente, a cambio del pago de un soborno. Tergiversaban las declaraciones aduanales e impositivas, por ello la red tenía operado-res tanto en las Aduanas como en la SAT, el organismo recaudador de impuestos.

* Perjuicio para el Estado: del 100% del impuesto que debía pagarse por cada contenedor, sólo 40% llegaba al fisco. Un 30% co-rrespondía al soborno y el restante 30% era la reducción impositiva que se ofrecía como “servicio”.

* Cuánto llegaron a defraudar: no se conoce a ciencia cierta desde cuándo operaban, por lo que no hay un monto global.

Sin embargo se conocen datos parciales brindados por la investigación que realizó la Comisión contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). Por ejemplo, en tres semanas, un miembro del grupo delictivo fue capaz de recaudar unos US$330.000.

Otro dato apunta que entre mayo 2014 y febrero de 2015, uno de los comandos de la organización había registrado unos 500 furgones con diversa mercadería, a cada uno de los cuales se le ha-brían cobrado sobornos de entre US$2.000 y US$13.000.
 

Informe completo sobre CORRUPCION AL ACECHO, AMENAZA AL CLIMA DE NEGOCIOS

Edición N°187, Estrategia & Negocios

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